RICARDO ARJONA: “VIVIR EN LA ARGENTINA OCASIONÓ UN CAMBIO EN MÍ”

RA_004El cantautor, que viernes y sábado cantará en Vélez, recibió a Clarín en Perú y habló del fin de su gira, de las nuevas formas del amor virtual, de su obsesión por controlarlo todo y de la vida propia de las canciones.

Se acerca el final de(l) Viaje pero en el universo de Ricardo Arjona parece haber pocas ganas de terminar. Es domingo al mediodía en Lima y sus músicos, técnicos y asistentes dan vueltas por el lobby del hotel con la mezcla de alegría y cansancio que dejó el show de la noche anterior. Al día siguiente embarcarán para nuestro país, última parada de una gira que visitó 18 países y sumó 120 presentaciones a las que asistieron, sí, más de 20 millones de personas. El lunes se presentaron en Tucumán, el jueves en Córdoba y el sábado en Santa Fe; el martes lo harán en la Sociedad Rural de Junín y el gran cierre en el estadio de Vélez, el viernes y el sábado.

Arjona recibe a Clarín en su suite del piso 16. Hay un piano de media cola, un teléfono celular sobre la mesa ratona, un parlante portátil y un equipo de mate del que no se separa nunca, cuenta su hijo Ricardo justo antes de que el guatemalteco de 1,95 metros aparezca en la habitación. Lleva el pelo recogido en una media cola a la altura de la coronilla, ropa oscura, gafas de marco plateado y cristal violáceo. “¿Con qué vas a grabar? Vamos a ese sillón”, invita y arrima el mate. “¿Cuándo llegaste a Lima? ¿Ya fuiste a comer?”, y los tiraditos y el ceviche y las frutas del mercado. Hacía tres años que no tocaba en Perú.

¿Cómo es llegar al final de una gira como esta?

Tu sabes que al síndrome de la gira hay que aprender a quitárselo de encima, porque a uno se le pega la manía esa de hacer maletas para deshacerlas y volverlas a hacer. Los principios son muy duros, muy difíciles. La puesta que viste ayer es un trabajo que desde el comienzo tomo de manera personal porque va a ser como el nido donde voy a estar habitando el próximo año y medio. Los primeros cuatro a cinco meses de preparación son terribles, y los primeros dos meses de concierto son peores. Después se pone divertido. En las últimas tres giras he intentado tener un director y no he podido. Entonces, ser el que canta y un poquito el que dirige, es muy difícil. Te pone en desgaste con la gente con la que te tenés que divertir.

Pero también tomás ese rol en tu compañía y en tus discos.

Sí, no debería ser así. He tratado de desligarme de la producción, lo he logrado de alguna manera, pero en muy pocas ocasiones logro quitármelo de la cabeza. A veces prefiero estar al 100% que estar a medias, porque cuando estoy a medias jodo demasiado a los que están. En muy raras oportunidades logro ceder por completo.

El punto, dice, es que así empezó todo. “Ya componía canciones cuando llegué a México, y después de dos años de no encontrar nada empiezo a trabajar como asistente de productor. Era el que iba a buscar a los artistas al aeropuerto, les servía café, todo el asunto. En esa época el trabajo que yo hacía como autor a la industria le parecía interesante, pero no creían que fuera a pasar algo con eso. Yo era más bien el cantautor al que era interesante invitar en las noches de bohemia a sus casas, lo que marcaba una ironía tremenda porque conocía a los tipos que manejaban la industria pero ninguno me grababa”, recuerda. Prácticamente dormía en el sillón que estaba enfrente a la consola -”una SSL inglesa fantástica”- del estudio de Dallas. “Fumaba dos cajetillas y media de cigarros diarias, tomaba café todo el día y una Whataburguer, la hamburguesa más famosa en esa zona. Pero al final de ese camino me había hecho productor de discos y fue un salto interesante”, resume.

Cuatro containers esperan detrás del escenario de Lima para salir cargados en cuanto termine el concierto. La puesta se desarrolla delante de una pantalla enorme en la que durante todo el show se proyectan imágenes de altísima calidad. Hay dos escaleras, faroles, valijas, carros varios y hasta un taxi de utilería. Una media hora después de lo previsto porque el tráfico de la capital peruana demora la llegada del público se apagan las luces y el griterío anticipa lo que viene. Desde la pantalla se ve la partida de una formación del ferrocarril Roca, larga la banda y Ricardo canta. Me despierto y pedaleo, soy ciclista en este viaje. No solo canta: Ricardo aparece en escena montado en una bicicleta y pedalea sin parar hasta el fin de la canción. Y después se mueve y corre y camina y sube y baja sin perder ni una nota.

Podrías hacer un concierto con una puesta más sencilla si quisieras.

A mí me cambiaron la película en el camino y me fui adaptando. Sigo siendo un amante de los teatros, pero las cosas comenzaron a marchar más allá de lo que yo había soñado, ¿no? Venía de cantar en bares y pensaba en llegar a un teatro pequeño, eso era lo que quería. Pero no podíamos seguir haciendo 35 Luna Park o no sé cuántos teatros. Además, eso de que me ligaran a los récords me fastidia un poquito. Después de hacer 35 Luna Park le puse una cruz y dije ‘bueno, nos vemos en otra vida, no vuelvo más’.

No podés hacer menos…

Podría, pero eso lo somete a uno al rigor de las cifras y no a lo que puede pasar con el trabajo que estás haciendo y con lo que golpeó al que está del otro lado. Nos tocaba hacer estadios y comenzamos a hacer escenografías que nos permitieran seguir haciendo teatro en lugares grandes. El estadio te rompe la posibilidad de respuesta. Ya tenés los harmony (el retorno por auricular) que te aíslan totalmente, es un monólogo extraño en el que no tenés respuesta. Si a eso le sumás que en la primera fila están los que no pagan boleto, léase sponsors y demás, que no es gente que siga tu trabajo, la primera respuesta que tenés es de alguien que no quiere estar ahí o está porque tiene que estar. Trato de no mirar la primera fila y nunca me quedo con el ojo pegado en un lugar sino que trato de ver como uno al todo.

Otra vez aparece el productor que está en todo. Pero eso es porque sos capricorniano…

¿Te parece? Pero yo me suelto después. Después de eso es cuando me gusto más porque aparece el irresponsable, el tipo que disfruta.

¿No te gusta estar en control?

Pero imagínate que casi siempre estoy en control, entonces a veces me suelto y me gusto más. Estar siempre en control es malo para uno, pero es peor para los que trabajan con uno porque se acostumbran. Si vos no mencionás que se está cayendo una luz o que se está prendiendo fuego algo los tipos piensan que está bien, y eso es malo. Entonces, ceder el control. Por ejemplo: no sé dónde está la puesta que viste ayer. No tengo la más mínima idea como la llevan a Argentina. Sé que en el próximo concierto cuando baje la escalera va a haber un micrófono y voy a cantar ahí. Es un relojito que funciona y me deja pensar en otras cosas, que es de lo que se trata.

“La industria está muerta, pero las canciones están más vivas que nunca. Los caminos son siniestros como nuevos, pero mucho menos siniestros que ponerle una canción a un financiero en las manos. Todos se siguen quejando, incluso los que navegan con cara de malos, pero estampan la firma en los contratos de los que se quejan y continúan el ciclo. Yo me cocino aparte, pero no por ser mas especial. Me cocino aparte porque no me gusta la comida reciclada, esa que viene en envases de ‘haz esto’ o ‘haz lo otro’. Trato de hacer lo que quiero aunque lo que quiero no sea lo mismo que quieren los demás”, escribe unos días después de la entrevista porque, explica, le quedaron dando vuelta algunas ideas en las que quiere ahondar.

Sobre el escenario de la gira que fue considerada la más lucrativa de los Estados Unidos por la revista Billboard y #6 a nivel mundial para Pollstar, el recorrido avanza con un medley de clásicos. El problema, Acompáñame a estar solo, Dime que no, Cuando. Ricardo saluda al público. Conversa, promete quedarse hasta que se aburran de escucharlo. Las chicas aprovechan cada vez que se acerca al borde del escenario para estirarse en busca de la selfie perfecta: sonrisa, vincha y el hombre en cuadro. “¿Se acuerdan cuando en los conciertos no se permitían fotos?”, pregunta. “La gente está empezando a mandar besos y caricias por Internet. Los besos hay que darlos”, sigue, y canta Sin ti, sin mí.

Ayer hablabas de los amores de Internet. ¿Te parece que nos estamos enfrentando a un nuevo tipo de amor?

Espero que no. A un lado y al otro de una computadora, es algo que debería tener un nuevo nombre porque nada tiene que ver con el otro. Hay cuestiones básicas. Suplir el papel por las pantallas, por ejemplo. Puedo leer un libro en la pantalla pero tengo que tener un papel para poder tocarlo, doblar la paginita en la que me quedé. Es algo que no se puede perder. Hay cierta dosis de romanticismo en ciertas cosas que le dan una connotación a la literatura, a la música o al amor que no te la da la tecnología.

Cantás que olvidarte es más difícil que un montón de cosas pero hoy es tan sencillo como borrarte de la lista de contactos. Lo llaman ghosting.

(Carcajada) Claro, pero es exactamente lo mismo. Cuando uno deja el cigarrillo, lo deja. Eso de que voy a fumar menos no existe. Y hacés lo mismo con las parejas. Me separo de vos pero te veo una vez por semana porque nos atraemos mucho, no existe. Seguís ahí. Te estás mintiendo. La mejor manera de evitar una relación que te está haciendo más daño que bien es bloquearla. Y no la tenés que bloquear en el teléfono, la tenés que bloquear en la cabeza o donde pertenezca el asunto que vuela.

“Buenos Aires en mi historia es más lo que dijeron que lo que dije. Yo sé la verdad y los rincones que más me dieron vida en esta ciudad eran pequeños, tan pequeños que muchas veces solo cabíamos dos. Se dijeron de mí tantas cosas que algunas me las empecé a creer. Por suerte siempre desperté después de los sueños y de la levitación que provoca sentirte querido”, escribe.

Alguna vez dijiste que algunas de tus canciones habían generado una reacción diferente en la Argentina.

Las canciones tienen su propia vida, su propio camino, se defienden solas. Son muy parecidas a los hijos. Al principio las mimás, las pulís y después las soltás. Algunas encuentran aliados y otras enemigos, es algo que ya no te compete.

“¿Que es lo que menos me gusta de esto? No me fijo mucho en esas cosas pero si tuviera que escoger es cuando me colocan como cantante romántico, síntoma de lo poco que conocen mi trabajo. Regularmente lo que me condujo a la radio siempre fue una historia de amor, pero lo que sonó en la radio no es todo lo que soy como autor. Dejo claro que voy armado como autor a defender cualquiera de las que sonaron en la radio quizás con un par de excepciones que no diré, que a fuerza de tiempo estoy seguro que pude hacer mejor. De vez en mes, que en Argentina me la destrozaron, he de decir que no le cambiaría una sola palabra y es de las canciones que mejor me hacen sentir como autor”, avanza en su mail.

Y después del cierre en Buenos Aires, ¿qué?

Me cuesta mucho abandonar esta gira en especial, porque la sigo pasando muy bien. Pero entiendo que uno no puede ser tan egoísta de empezar a repetir países porque la está pasando bien. Argentina es una excepción porque decidimos que una gira así tenía que cerrar en un lugar que fuera especial para nosotros. Estoy terminando de mezclar un disco (ver Al rescate…), es uno de los que más me ha gustado hacer en toda mi carrera. Creo que lo tendremos listo antes de fin de año y, nada, en diciembre terminamos, nos damos y abrazo y…

A descansar…

No, a descansar no. Una vez que pasan los cuatro meses de preparación y los dos primeros de gira de los que te hablaba al principio, es lo que hacemos. No puedo pedir nada que me represente más placer que esto, aunque suene a cliché.

RECUADROS

Al rescate de las canciones esenciales

“A lo largo de mi carrera siempre hubo dos o tres canciones muy emblemáticas para las compañías de discos. No porque les interesara tanto el contenido, pero eran las únicas que encontraban en mis discos que podían trasladarse de una manera más o menos sencilla a la gente. Empezó desde el principio con Animal Nocturno. Mujeres fue un fracaso”, explica Ricardo antes de contar de qué va su próximo disco.

Pero ayer fue el tema que más pedían

Si, es lo que pasa en todos los países, pero fue un sencillo que nunca funcionó. En Argentina no fue un disco tan importante en la radio, ahí todo empieza básicamente con Historias. Mujeres es un tema de mi pasado. Las disqueras tomaban temas como Quien diría o La primera vez, de un disco muy arriesgado como Galería Caribe toman Cuando, un tema muy representativo de mi trabajo pero que, además, generaba cierta facilidad para la radio. ¿A dónde voy? Que estos temas abrumaron otras canciones de mi catálogo. Quesos, cosas, casas es una de las canciones más importantes de mi carrera y nadie sabe cuál es. Hay canciones muy de cantautor que pasaron desapercibidas.

Lo que hizo fue convocar al guitarrista Dan Warren. “Sin un solo invitado. Bueno, hay uno pero todavía no voy a decir quién es”, anticipa. Y cuenta: “Rescatamos todas esas canciones, ponemos algunas inéditas y armamos el disco más de cantautor de toda mi carrera. Adiós melancolía es una canción que habíamos hecho a ritmo de ballenato, que es fantástico, pero la abrumó completamente. Escucharla con pura guitarra para mí es un goce enorme. Entonces estoy terminando un disco acústico que me tiene fascinado. Pocas veces había estado tan emocionado con un disco como con este”. Dice que no lo siente como un riesgo. “Si le va fatal con la gente, por lo menos lo voy a tener para escuchar de vez en cuando”. ¿Y más? “Por mí empiezo en enero con un tour de teatro a dos guitarras, pero creo que la gente debe descansar un poquito también”.

Pero te van a ver igual. A Buenos Aires es la segunda vez que venís con esta gira…

Pero también este asunto de ‘¿otra vez este viene este muchacho?’ Hay que dejar un espacio. Igual que el ejercicio que uno hace en casa. Siento que me quieren más cuando tengo algunos días sin llegar a casa, me tratan mejor. El síndrome que te mencionaba al principio, de que te vas y regresas, este noviazgo permanente, si logras encontrarle un modito, irte unos días, que te extrañen mucho y extrañar mucho para regresar, es ideal.

“En Buenos Aires una noche duraba tres días”

“Mis complejos me devuelven a donde pertenezco. A la 23 av. 1-42 de la zona 1 el barrio en el que crecí en Guatemala. Me hacen bien para evitar la levitación escandalosa que rige el carácter de muchos que se ven doblegados por las suites presidenciales y las mesas vip de los restaurantes. A mí me va mejor con los que empecé y siendo parte de los que ven el mundo con más naturalidad. Los famosos se ven mejor cuando solo hay uno, dos son demasiados en una reunión. Por eso me aislé de la farándula y mis amigos tienen poco o nada que ver con esto”, escribe también Ricardo en su mail.

En su libro Antigua vida mía, la escritora Marcela Serrano describe a la Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala como un lugar al que las mujeres van a buscar refugio, reparación. ¿Hay algo de ese lugar que te haya marcado?

Pasé poco tiempo ahí, hasta mis tres años, después me fui para la Capital. Pero cuando regreso de la Argentina caigo en Guatemala y… Argentina había ocasionado un cambio en mí. Te estoy hablando del 89, el 90, en Buenos Aires una noche duraba tres días. Era algo a lo que no estaba acostumbrado, me rompió la cabeza. A mi regreso el medio en el que me desarrollaba me empezó a quedar pequeño y sentí la necesidad de salirme de la Capital. ¿Dónde encuentro un lugar todavía más pequeño pero donde sentía una expansión en Guatemala? En Antigua, donde había nacido. Antigua es un lugar plagado de gente de todos lados del mundo que va a aprender español, y eso genera un ambiente fantástico. Después me terminé yendo a México y cambió toda la película. Pero Antigua Guatemala y Guatemala en general sin duda aportaron la base de lo que sigo siendo, con todos sus conflictos y todos sus beneficios. Haber crecido en un barrio, montar en autobús desde los seis años para ir a la escuela, descubrir a los seis y medio que podía colarme por la puerta de atrás para no pagar boleto, crecer en medio de una guerra civil. Generás un chip en la cabeza que te hace estar preparado para un montón de cosas, diferente a lo que encontré en México, donde por ejemplo estaban acostumbrados a un solo partido político y a protestar poco. Yo me defendía de los grandotes, pero en México había que defenderse un poquito porque el grandote estaba tan grandote que era prácticamente intocable.

FUENTE: http://ricardoarjona.com/ricardo-arjona-vivir-en-la-argent…/

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