Gaby Moreno, la chica Charlestón del oído absoluto…El Periódico de Guatemala

get_imgHabrá quien pueda pensar que su éxito se debe al dueto hecho con Ricardo Arjona. Él, en realidad, no hizo más que mostrar este talento a un público pequeño con poco gusto por el jazz y el blues: el guatemalteco.

Francisco Rodríguez frodriguez@elperiodico.com.g

Noviembre de 1981. Una mujer con ocho meses de embarazo escuchaba atenta el presionar de teclas del pianista, nada trascendental, más bien una reunión entre varios amigos. El músico estaba en lo suyo cuando alguien que normalmente no se movía lo hizo, para esas fechas no extrañaba, pues apenas faltaban unas semanas antes de su nacimiento. El hombre dejó de tocar, la bebé de moverse; él volvió a su juego de dedos, el estómago retomó su contoneo. “Pará” dijo la madre para saber si solo se trataba de una coincidencia, el vientre y el piano se detuvieron. “Dale otra vez” pidió a su amigo, y la bebé volvió a moverse como quien baila en tan reducido espacio.

En el salón de un hotel en la ciudad de Guatemala, 31 años y nueve meses después, entra Gaby Moreno para hablar con la prensa. Verla hace recordar aquella época en 1920, cuando las mujeres portaban cabello corto, ondulado, grandes collares o bufandas con plumas para lucir su elegante y alargado cigarrillo. Sí, una bailarina de charlestón, el estilo de música folclórica de la comunidad afroamericana de Carolina del Sur, muy parecido a las Big Bands, pero con ritmos más rápidos y movimientos sueltos.

o podría ser catalogada como hipster, la nueva tribu urbana fanática de lo vintage y amantes del jazz. Gaby Moreno mezcla la moda de las épocas de sus influencias musicales, la “década del Jazz” como la bautizó el escritor Scott Fitzgerald. “Quizá usted pueda creer en las vidas pasadas, no sé, pero ella vive en un siglo que no le corresponde” bromea su madre, la locutora de radio Lucy Bonilla.

Entra al salón, su timidez es evidente. Lejos de hablar con las manos como el guatemalteco promedio, las tiene cruzadas como sus piernas, aferradas entre ellas o apretando el micrófono. No se le ve incómoda, solo un poco nerviosa, quizá en parte porque los medios nacionales empezaron a fijarse en ella apenas tres años atrás.

Al escribir su nombre en Google, el buscador muestra una pequeña biografía; en las sugerencias aparecen videos, notas de prensa, referencias de Wikipedia, y su página oficial. Pero si se afina la búsqueda y se pide mostrar los resultados, por ejemplo, del año 2006 cuando su composición fue elegida como la canción del año en el concurso John Lennon, no se encuentra ninguna publicación.

Google identifica algunas notas hasta las búsquedas de 2010, elPeriódico publicó en julio de ese año una nota bajo el titular “Guatemalteca nominada a un Emmy”. El texto explica la candidatura de Moreno por los temas elaborados para el programa Parks and Recreation, de la cadena estadounidense NBC. “¡Orgullo chapín!”, “Gaby no tiene nada que envidiarle a Mariah Carey”, “Y sin sacarle el pisto a la mara con los mensajitos”, algunos de los comentarios escritos por los lectores.

La estudiante promedio

 

“No sé si soy solo yo el que tiene curiosidad pero… ¿qué es eso que tenés en las manos?” preguntó rascándose la cabeza un reportero, evidentemente intimidado por entrevistar a Gaby Moreno.

Minutos antes, mientras hablaba de su fascinación por las calles de París o la comida hindú, cambió el micrófono por un ukelele hecho a base de una caja de habanos, cuatro cuerdas y un pequeño mástil. Desde que lo tuvo en sus manos se notaba el picor de dedos por empezar a tocarlo, fue como una esponja que absorbió sus nervios. El curioso instrumento le serviría al siguiente día para interpretar No soy el aire, una canción que advierte no ha ensayado mucho.

El gusto por los instrumentos de cuerda fue adquirido. Ella quería un saxofón desde que a sus 13 años, mientras caminaba por las calles de Nueva York, escuchó a una mujer cantar jazz. Su fascinación por aquella desconocida afroamericana la llevó a toparse con Nina Simone, Ella Fitzgerald, Louis Armstrong y sus contemporáneos. Aunque quería un saxofón, lo que le regalaron fue una guitarra, aprendió algunos acordes y compuso su primer blues. “Fue afuera que ella encontró su estilo” dice su hermana, Mariana Moreno, diez años menor y encargada de dirigir su video Valle de magnolias.

En el colegio nadie la habría podido calificar como brillante por sus calificaciones. “Si entrabas a su salón de clases no veías una luz que te hiciera intuir un gran talento en ella, era bastante normal” dice Patricia Barneund, su maestra en el Monte María. Barneund se unió un poco tarde a la entrevista, antes Mirna Grajeda y Anaité de Ortuño se desbordaron en adjetivos positivos hacia su también exalumna. “Siempre muy responsable” decía una, “sí, muy responsable” asentía su colega.

Entre sus compañeras ya sabían de la pasión de Moreno, acudían a ella para los actos escolares, pero también la mandaban a callar cuando ya las tenía hartas de tanto cantar. De esa promoción salieron algunas ingenieras, administradoras, otros oficios y dos cantantes; una de ellas llenó la sala Efraín Recinos del Teatro Nacional el pasado martes. La otra, Marta Roca, es seguidora del pastor puertorriqueño, José Luis Miranda, autodenominado el Anticristo.

Para las maestras, Moreno y Martita Roca, su nombre artístico, eran dos excelentes amigas que deseaban participar en cuanto evento público pudieran. Para quienes las conocieron en el colegio, la describen como una mujer de la que Moreno prefirió alejarse. En su video La historia del primer papa católico, Roca con un ritmo pop critica el catolicismo “…666 nos estamos marcando, y a todo el mundo vamos anunciando el que vence a los santos, José Luis de Jesús es el mismo Jesucristo sacándolos a la luz” canta con muy buena voz.

 

De entre las adulaciones de las maestras, sale una anécdota que la hace más real. En el colegio organizó la obra La importancia de llamarse Ernesto. Durante meses montaron las escenas, pero para el ensayo final no estaba terminada. Frente a un grupo de invitados especiales, Moreno se detuvo a mitad de acto, sus compañeras se desconcertaron y perdieron el hilo del argumento. La cantante había olvidado su papel. No hubo tiempo para un repaso extra pues ella debía volar a Los Ángeles, tenía una audición con un hombre mayor, calvo y de barba blanca, su nombre era Seth Riggs, maestro de canto de Ray Charles, Natalie Cole, Michael Jackson, Madonna y Tina Turner. Bastó una canción para que Riggs se convenciera del talento de Moreno y descubriera algo que nadie le había dicho antes: “Ella tiene un oído absoluto”.

Esta es una habilidad, considerada nata, con la cual la persona es capaz de identificar una nota musical o producirla con su voz sin ninguna referencia, al tiempo que le ayuda a no desafinar. El menor de Los Jackson Five poseía este don. La audición fue un éxito y Moreno regresó a su colegio para concluir la obra sin ningún error, aunque su debilidad por olvidar líneas no la ha abandonado.

Gaby “underground”

Faltan tres horas para el concierto y ella, junto a su banda, no logran encontrar el sonido adecuado. No le convence cómo se escucha la batería, pide más volumen, se rasca la cabeza como quien piensa o como una ligera manifestación de estrés. A quien se le ve más alterada por arreglar los detalles de la presentación es a su madre, que en 20 minutos interrumpió su entrevista cuatro veces para fijarse en asuntos de producción o quién entra al escenario donde ensaya su hija.

Un concierto en Europa habría sido más fácil, unos cuantos arreglos y listo. Allá, dice, se siente con la libertad de una “backpacking” (mochilera) junto a su banda. Caso aparte ha sido su relación con Hugh Laurie (el protagonista de Dr. House), con quien hizo una inevitable conexión por compartir el gusto hacia canciones de jazz tan viejas, que estas generaciones las han olvidado. Sin dejar sus presentaciones independientes, Moreno es parte de la banda de Laurie, The Cotton Copper Band durante periodos de tres o cuatro semanas. Quien no esté acostumbrado a verlo en su faceta de cantautor, podría resultarle chocante verlo bailar un tango sin cojear cuando interpretan Kiss of fire.

La noche cae y el espectáculo empieza. Entra y el público la ovaciona, le acompaña su bajista, el baterista y guitarra; además de dos músicos de la banda de Laurie (Vincent Henry en el saxofón y Elizabeth Lea en el trombón) y un pianista que ha acompañado a David Bowie (Patrick Warren). Juntos estos personajes extranjeros refuerzan su estilo de principios de siglo que no le tocó vivir.

 

El concierto empieza, el público calla, se emociona, la adora, disfruta la tonada, pero no corea. No por ser un público serio como el alemán, más bien porque no conocen la letra de sus canciones. Para el maestro del Conservatorio Nacional y guitarrista, Reinhold Sagastume, esto tiene dos explicaciones. La primera, en Guatemala no escuchamos jazz, blues o bossa nova, los fuertes de Morreno “somos un país de música más de parranda y música en español, ella empezó en inglés”, ¿entonces por qué los guatemaltecos sí podrían cantar a pulmón canciones, por poner un ejemplo de música no de parranda, como Metálica? “En ese caso son las disqueras quienes deciden a cuál banda darle imagen y bombardear con su música, Gaby Moreno no se encuentra en esa línea. Es más, ella es un estilo underground para Latinoamérica”.

El silencio del público permite disfrutar el falsete de 15 segundos que requiere La Malagueña. Canta como Edith Piaff, un poema escrito por su abuelo para su abuela 20 años menor que él y temas del disco Postales. Todo perfecto hasta que sacó el ukulele.

En No soy el aire Moreno reitera su falta de ensayo para esta canción, hecha la aclaración, el curioso instrumento empieza a sonar. A mitad de la pieza el saxofón de Henry parece no estar en sintonía con su voz, algo no sonaba bien ¿Habría sido posible que Riggs, el maestro de Michael Jackson, se habría equivocado respecto a su habilidad para no desafinar? La letra se transformó en un tarareo y una sonrisa nerviosa; no era problema de voz, su catedrático no se había equivocado. Fue solo que Moreno olvidó la letra de la canción.

“Aaay se me olvidó” dijo sin perder el ritmo del ukulele. La pausa fue breve y pudo retomar la letra como si nada hubiera pasado. Para entonces el público, ya fascinado, se enterneció y aplaudió más fuerte que con el falsete de La Malagueña. A cada disculpa llegaban más aplausos.

Cerca de las 20:30 horas el concierto llegó a su final con cuatro ovaciones de pie, una de ellas a mitad de la presentación. Se despide, agradece y al siguiente día anuncia que regresará a Guatemala a interpretar algunos temas junto a Andrea Bocelli, en octubre próximo.

“Gaby, una última pregunta, ¿alguna vez pensaste dejar la música y dedicarte a algo más?” , “No, nunca.… No sé, quizá porque supe que no sirvo para otra cosa más”, responde con una sonrisa antes de regresar a su camerino.

> El estilo de los años veinte no se limita a la vestimenta de Gaby Moreno, sus discos los graba en formato análogo junto a sus músicos como en aquella época.

FUENTE ………..http://www.elperiodico.com.gt/es/20130901/domingo/233783/

Francisco Rodríguez frodriguez@elperiodico.com.g